Yo también sobreviví a una ruptura

"Nunca somos tan indefensos al sufrimiento como cuando estamos enamorados" (Sigmund Freud)​

.. Y es el AMOR, emoción, sensación, estado, constructo y sentimiento tan irracional, como a la vez inevitable o necesario. Surgido de lo más profundo de nuestros instintos, se suele decir que es ciego, sordo, paradójico, e incluso a veces estúpido y poco práctico.

Concepto con miles de teorías explicativas, procedentes de los intentos por dar coherencia a la sinrazón amalgamada de sensaciones que genera. Reversible en desamor, frustración, ira, odio, melancolía, dependencia, cordialidad, indiferencia o despecho, pero nunca en Amistad…

Resulta difícil procesar que alguien que te quiere «incondicionalmente», un buen día te llame para decirte «no eres tú, soy yo, pero tenemos que hablar«. Es difícil procesar que algo que en su momento creías eterno, de repente tenga fecha de caducidad, sin pasar tan siquiera por un plazo de consumo preferente.

Imagínate que una mañana te llama tu madre y te dice:

«mira hijo, llevo un tiempo pensando y me he dado cuenta de que ya nada es igual entre nosotros, ya no te gustan las mismas cosas que te gustaban cuando eras un niño, noto que ya no me quieres como antes, y últimamente no paro de darle vueltas a todos los disgustos que me dabas cada vez que te negabas a comer. Creo que lo mejor es que dejemos de ser madre e hijo».

Hace unos días escuchaba a un periodista que presentaba su libro en televisión afirmar rotundamente que en una historia de desamor y ruptura, la peor parte es sin duda para la persona que «deja la relación» (en adelante la parte «dejadora»). Yo, como además de estudiar psicología, suelo exponerme antes de opinar a las cosas sobre las que escribo, he sido «dejador» y «dejado», y por ello manifiesto mi desacuerdo con esta opinión y expongo un primer argumento sencillo a modo de ejemplo:

Un niño pequeño se entretiene en el parque con los juguetes de otros niños mientras desatiende su bicicleta. De repente, sin consultarle, su madre le da la bicicleta a otro niño que pasaba por allí y que tenía cara de buen chiquillo. ¿Que ocurre?

De entrada el pequeño no se plantea si quiere realmente a su bicicleta, lo único a lo que atiende es a que le están privando de algo sin que él lo haya decidido, razón más que suficiente para llorar y porfiar por ella los próximos minutos, días o meses (Reactancia psicológica).

Podría dedicar las siguientes líneas a enumerar postulados que debe seguir el buen o la buena amante para cuidar su «bicicleta» cada día. También podríamos analizar los mecanismos psicológicos que intervienen en la persona «dejadora»,  que van desde la culpa a la pena, pasando por el proceso automático de convertir al otro en poco deseable por aliviar la disonancia cognitiva. Pero hoymis reflexiones en voz alta, opiniones y consejos, van para quienes están atravesando o han atravesado alguna vez una ruptura quedando en la situación de parte «dejada«. 

1. ¿Te acaban de dejar?

Esto no debería decírtelo un psicólogo, pero «estamos jodidos«. Ha desaparecido de nuestra vida algo que amábamos, por lo tanto, estamos atravesando un DUELO. El dolor es normal y el llanto lógico, no huyas de el ni aparentes sentir algo que no sientes, en mi opinión, deberían existir los días libres posteriores a la ruptura. Si eres autónomo, permítete ese par de días sin trabajo e intenta compartir la desdicha con gente de tu confianza. Puede ser el momento mas duro, pero también es el más fácil porque no exige de nosotros ningún esfuerzo o plan, en los dos o tres días siguientes a la ruptura, solo tenemos que centrarnos en llorar y «patalear». Pocas cosas más útiles podemos hacer.

2. ¡Imposible! ¡Nunca pensé que esto pudiera pasarme a mi!

Ni yo tampoco, y aquí estamos compartiendo reflexiones y experiencias. En las relaciones de pareja se desarrollan lazos íntimos que generan intersubjetividad. De esta forma, todos pensamos que vivimos una «Fábula Personal» cuya experiencia es única y más intensa que la del resto de la humanidad. Unas condiciones que hacen de la relación algo en apariencia blindado e inmutable. Pero sin embargo, lo atractivo y adictivo del amor, es que siempre está en juego la posibilidad de perderlo. Y es en la gestión de este juego, en la que se mueve la salubridad de la relación.

3. Sin esta persona, mi vida nunca será la misma, estoy perdido/a

Pablo Alborán, Alex Ubago o David Bisbal no te conocen de nada, así que es absurdo pensar que todas las canciones de la radio las han compuesto pensando en tu desdicha. Si te sientes identificado es porque se habla de sentimientos y reacciones universales, algo exageradas e idealizadas, pero en definitiva experiencias por las que otras muchas personas también han pasado. No tengas prisa por encontrarte ni por replicar tu futuro con retales de lo que alguna vez tuviste. Si te lo propones, puede que tu vida no sea la misma, pero puedes hacer de ella algo diferente e igualmente bueno. 

4. Tengo que recuperar la relación como sea

Esta es una reacción tan instintiva y legítima como inútil. Quítale al niño la bicicleta y llorará por ella, pierde el reloj y mañana veras 100 veces tu muñeca, y sin embargo ahora no recuerdas si tu reloj de manillas marca las horas con barras, con cifras árabes o con números romanos.

Estás en tu derecho, pero ten en cuenta que tu ex pareja ya ha tomado una decisión. Si ha llegado a este punto es porque le ha dado mil vueltas antes a la forma de hacerlo. Ya no hay repesca, así que ahórrate las flores, las cartas y los foto montajes. Lo mas probable es que en el intento experimentes sentimientos de frustración y te vuelvas mas vulnerable. Las cosas deben asentarse un poco.

5. ¿Un clavo saca a otro clavo?

Alex Ubago no te conoce, pero Don Omar tampoco, así que no es necesario volverse un malote de repente como dicen las canciones de reaggeton. Un clavo nunca debe sacar a otro clavo. Si te apetece tener sexo, adelante, pero no lo busques precipitadamente por despecho o por solucionar tus problemas. Una mala experiencia sexual un sábado por la noche puede tener nefastas consecuencias emocionales un domingo por la tarde. Tampoco tenemos prisa para esto.

6. Acepta tus sentimientos sin aparentar otra cosa

Como proceso de duelo, es importante que sepamos y reconozcamos que nos enfrentamos a varias etapas. Cada una de ellas marcada por una emoción predominante, de la que no tiene sentido huir y que conviene elaborar adecuadamente.

IMPACTO – NEGACIÓN – PENA – CULPA – RABIA – RESIGNACIÓN – RECONSTRUCCIÓN 

Si toca llorar, organízate, llora, y normaliza tu llanto. Y si toca tener sexo, arréglate, date valor, y organízate más todavía. Pero sobre todo, no te quedes enganchado en ninguna fase y RECONSTRUYE tu futuro a partir de las cosas buenas que pasan en tu presente.

7. Todo me recuerda a esa persona

¡Esto también tiene guasa! Y claro, el recuerdo siempre es directamente proporcional a las experiencias compartidas. Al principio es lacrimógeno y casi generalizado, pero afortunadamente ese simbolismo o «duelo momificado» va perdiendo fuerza y carga emocional para convertirse en costumbre o recuerdo neutro. Es verdad que muchas cosas se quedan para siempre, pero no necesariamente tiene que experimentarse como algo negativo. Por ejemplo, yo me he quedado para siempre un IPad y la manía de estirar la funda del sofá cada vez que salgo de casa, y os garantizo que soy capaz de vivir con las dos cosas.

8. ¿Y si..?

Dice una canción algo así como: «solo estoy seguro de algo, de seguir siempre dudando». Son los eternos «y si…». Esta fase, de uno u otro modo, suele ser común en parte dejada y dejadora, lo cual ayuda poco. En el caso que nos ocupa, tenemos además la incertidumbre de no manejar la situación, por lo que también nos planteamos cuestiones del tipo: ¿habrá encontrado a otra persona? ¿Como reaccionaré si le veo con su nueva pareja? ¿Le gustará como le gustaba yo?

Está permitido tener estos pensamientos, pero debemos ser conscientes de varias realidades para no hacernos más daño posteriormente: seguramente algún día encuentre una nueva pareja, y a buen seguro que le guste más que tu, por el mismo mecanismo que tu le gustabas más que la anterior y de la misma forma que a ti más adelante te gustará más otra persona. No sufras por todo esto anticipadamente, llegado el momento, la mente tiene estrategias para elaborarlo.

9. Yo también sobreviví a una ruptura

Y sin darte cuenta, un día descubres que los momentos alegres en tu vida superan a los tristes, que empiezas a reconstruirte activamente centrando tu atención en ti mismo y atendiendo a tus propias necesidades. Es una etapa similar a rehabilitar una extremidad que has tenido rota, te sientes mejor, pero aun necesitas ganar fuerza para poder moverte con seguridad. Pero ahora, aún sabiendo que no estás del todo libre de daño, ya no importa tanto la lesión como el trabajo y el empeño centrado en la rehabilitación.

Cuando hayas ganado seguridad en ti, cuando te satisfagan tus nuevos logros y posibilidades, y cuando no tengas necesidad de sacar ni reemplazar ningún clavo, podrás mirar al pasado con serenidad y al presente con orgullo diciendo: YO TAMBIÉN SOBREVIVÍ A UNA RUPTURA. 

Autor:

José Manuel Chirino Núñez

Psicólogo General Sanitario

AN06346

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